lunes, 31 de octubre de 2016

MARCO: EL GRAN OJO DEL PODER DE LOS WAKRACHUCOS

 
Marco es un jirca que custodia el valle de Huacrachuco y alrededores. La naturaleza lo ha ubicado en el centro estratégico de un amplísimo territorio que en la época preinca estuvo dominado por los wakrachucos; desde este cerro se vigilaba todos los sectores, manteniendo bajo control los cuatro puntos cardinales.
 
Recinto circular construido con piedra y argamasa de barro.
Por sus construcciones circulares de evidente disposición para la vigilancia, su concepción como gran ojo del poder de los wakrachucos y por presentar plataformas escalonadas que le dan el aspecto de una estructura piramidal, puede considerarse a Marco como un ushnu de tipo complejo, cuya función habría comprendido lo religioso, administrativo y militar, predominando lo último, ya que sin duda sirvió como un eficaz instrumento de defensa y control territorial. Este jirca era y es el centro de todo.

Plataforma triangular que apunta en dirección sureste.
Las plataformas son concéntricas, aunque irregulares y discontinuas en algunos sectores; se observa que rodean el cerro, a manera de pisos escalonados, contándose en el sector sureste ocho niveles desde la base hasta la cima. La tercera plataforma es la que más llama la atención, porque es de forma triangular y apunta, por un lado, hacia el sureste (Gochaj, Pueblo Viejo y la ceja de montaña) y, por el lado opuesto, hacia el noroeste (todo el valle de Huacrachuco, Mamahuaje, río Marañón), semejando los ángulos de un gran ojo de observación; y es en este mismo nivel donde comienzan a verse en su real magnitud las construcciones circulares de piedra y barro que nos remiten a reconocer el ingenio constructivo y el poder que tuvieron los wakrachucos.

Plataforma superior de Marco, con huellas de excavaciones.
La plataforma superior, en la cima de Marco, era redondeada, plana, de aproximadamente nueve metros en su parte más larga y contaba con una pirca de escasa altura por todo el borde, a manera de soporte. Allí, en la antigüedad, como era usual en los ushnus, se habrían realizado ceremonias de culto al agua, a la pachamama y otras deidades tutelares. Hoy, nos jalan la vista las achupallas y algunos huecos, huellas de excavaciones que realizaron en tiempo indeterminado los buscadores de tesoros o huaqueros.
 
Muro preinca al descubierto.
En los niveles inferiores hay restos de numerosas construciones cubiertas por maleza, zarzas y otras plantas espinosas, lo cual dificulta la mejor observación y valoración de los mismos. Sería muy bueno que se promoviera desde la municipalidad jornadas de limpieza para conocer el diagrama de la real estructura de Marco y ponerlo en valor como un importante atractivo turístico de Huacrachuco.
 
Se recomienda visitar este magnífico mirador en la mañana hasta la una de la tarde, con brillo solar, así se pueden lograr fotos y filmaciones espectaculares (llevar trípode); hay momentos, especialmente en horas de la tarde, en que el viento es implacable con el que está en la cima.
 
La vista panorámica que se tiene desde Marco es impresionante. Uno se siente en el centro del poder mismo, con la capacidad de comprender todo lo que observa a su alrededor; la sensación de dominio del entorno geográfico es increíble. Todos los que visitan Huacrachuco debieran subir a Marco, situado a 3,250 msnm y a sólo quince minutos de viaje en carro desde la ciudad; de seguro vivirán una experiencia inolvidable.


Vista panorámica del valle de Huacrachuco, provincia de Marañón, región Huánuco. 
 
Huacrachuco, desde la cima de Marco.
  
Desde esta construcción se observaba el sector este (tierras del pueblo de Huachaj).
  
San Cristóbal (Shagapay).
 
Yamos.

Panacocha.
 
Majestuoso cerro Marco.


 

LOS YAROWILCAS


Explorador Rolando Pineda (el gran "Rolo") en Susupillo, la principal fortaleza de los feroces guerreros yarowilcas.

 

HIJOS DEL DIOS RAYO

 

Al borde de los precipicios, entre los 3400 a 4100 m s. n. m., hace más de mil años los guerreros yarowilcas construyeron ciudadelas urbano-militares, con murallas defensivas, torreones de vigilancia e imponentes edificios de varios pisos. El centro del poder de la nación yarowilca se hallaba en Tantamayo (Huamalíes, Huánuco), exactamente en Susupillo, donde se mantiene en pie un castillo de cinco pisos, considerado el edificio más alto de América prehispánica.
 
 
Los Yarowilcas se consideraban hijos de Libiac, dios rayo, y como tales ocuparon las cumbres de los cerros, desde donde mantenían el control absoluto de sus tierras. Etimológicamente, «yarowilca» deriva de las voces «yaro» y «willka». El vocablo «yaro» alude a la poderosa etnia andina Yaro. Y la voz «willka» significa en aymara «sol»; en quechua, «sagrado»; la variante «wilka» no se usa en aymara, mientras que en el quechua significa «nieto». Prevaleciendo el quechua, por razones históricas y geográficas, «Yarowilca» significa «descendiente sagrado Yaro» o «nieto de los Yaro». Cabe referir también que en los diccionarios de quechua boliviano aparece «yaru willka»: muy grandioso, eminentísimo.

Según el historiador Salustio Maldonado Robles, posiblemente el territorio yarowilca abarcó desde Rapayán (sur de Ancash) hasta el norte de Pasco y del río Marañón hasta las cumbres de la Cordillera Central. Evidencias de la expansión son los 81 sitios arqueológicos preincas que se pueden apreciar, la mayoría de ellos en la sierra de Huánuco, muy cerca a la selva; los hay en Chavinillo y Choras (Garu), distritos de la joven provincia Yarowilca; y en Llata (Huaman-Huilca), Singa (Huata), Puños, Miraflores, Punchao, Chavín de Pariarca, Jircán (Urpish) y Tantamayo (Susupillo, Piruru, Japallán), distritos de la provincia Huamalíes; también hay vestigios de torres o castillos en Rapayán, provincia de Huari, Ancash.


Respecto a su origen, algunos investigadores sostienen que la etnia Yaro habría emigrado desde la región aymara (Amat Olazábal, Waldemar Espinoza, Flores Galindo) y otros que surgió en el centro andino (Guaman Poma, Julio César Tello, Augusto Cardich, Bertrand Flornoy, Salustio Maldonado), alcanzando el apogeo en el periodo Intermedio Tardío. Se emparentaron con los Wanucos, etnia aborigen del territorio huanuqueño, y lograron expandirse hasta formar el Imperio Yarowilca (entre los siglos XI y XIII d.C.), en alianza con los Wacrachucos y otras naciones vecinas.

Los Señores Yarowilcas dominaban un vasto territorio y eran tan feroces que hicieron retroceder a las tropas de Pachacútec; más tarde, su hijo Túpac Yupanqui tuvo que hacer alianza con ellos (Confederación Inca - Yarowilca), para continuar su ambicioso plan de conquista de los Chachapoyas.

Los complejos arqueológicos de Tantamayo fueron descubiertos en 1828 por el sabio arequipeño Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz, quien hizo la primera descripción que se conoce en su obra «Antigüedades Peruanas» (1841). Después los visitaron Antonio Raimondi, el obispo Rubén Berroa y el arqueólogo Julio César Tello. Pero fue el etnólogo francés Bertrand Flornoy quien los dio a conocer al mundo desde 1947 y pasó 30 años de su vida estudiándolos; justamente, él considera que son vestigios de una cultura preinca altamente desarrollada: la cultura Tantamayo.

Los castillos fueron levantados en una época de guerras, por tanto es de suponer que los yarowilcas no fueron los únicos que levantaron fortalezas. Los patrones de construcción empleados en otros lugares de la sierra huanuqueña y liberteña indican que hubo influencia cultural entre los Yarowilcas, Wacrachucos y Wamachucos.

Así tenemos: En Tinyash (Pinra, Huacaybamba), principal ciudadela de los Wacrachucos, se empleó el cuarzo blanco en la cara externa del muro circular principal, igual que en Tantamayo, donde una franja de cuarzo blanco en la parte posterior del castillo de Susupillo marca el inicio del último piso («Huánuco: Etapa Prehispánica», Límber Rivera, 2001); asimismo, el techo de las dos chullpas funerarias formado de lajas colocadas a manera de aleros sobrepuestos en varios niveles, guarda cierta similitud con el techo escalonado en tres niveles que se observa en las chullpas de Chaupis (Rapayán, Huari, Ancash). En Marka Huamachuco (Sánchez Carrión, La Libertad), los altos muros perimétricos, los peldaños de piedra que sobresalen de la cara interior de esos muros, así como los recintos circulares y cuadrangulares, son similares a los que hay en los fortines preincas de Tantamayo.

La arquitectura empleada en la vasta región del Imperio Yarowilca nos indica que existió una casta de constructores que dominó la geometría y la física, a tal grado que pudo edificar ciudadelas al borde de los abismos, superando inclusive a los incas en la técnica de superposición de pisos y escaleras interiores de caracol; también nos sugiere la práctica de actividades religiosas y un elevado conocimiento del arte de la guerra.

Vale la pena conocer los rascacielos yarowilcas y disfrutar de los bellos paisajes que los rodean. Entre los destinos más visitados están:
 
Susupillo (4.100 msnm), ciudadela fortificada que cuenta con tres pabellones, 16 habitaciones, un altar, atalayas de vigilancia y tres murallas de defensa;  y Piruru (3.900 msnm), ambos situados en el distrito de Tantamayo, provincia Huamalíes, Huánuco.

Urpish (3.474 msnm), en el distrito de Jircán, provincia Huamalíes, Huánuco.

Garu (3.700 msnm), en el distrito de Choras, provincia Yarowilca, Huánuco. Algunos investigadores consideran que esta ciudadela habría sido la capital del Imperio Yarowilca.

Huata (3889 msnm), en el centro poblado Bellas Flores, distrito de Singa, provincia Huamalíes, Huánuco. En la parte central se hallan las famosas «torres gemelas», dos construcciones rectangulares de más de 10 metros de altura, cuya función habría sido de miradores; la vista que se tiene desde sus ventanas es impresionante.


 Imponente rascacielo de la ciudadela de Susupillo, en Tantamayo. Evidencia del alto
grado de desarrollo de la arquitectura y del gran poder de los señores yarowilcas 


PRIMER REGISTRO HISTÓRICO:

Como se ha indicado, fueron descubiertos en 1828 por Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz. El creyó que eran construcciones incaicas; en su obra «Antigüedades peruanas» (1841) se lee: «Desde el pueblo de Chavinillo comienza un sistema de fortificaciones o castillos, como se llaman por estos lugares, situados en ambos lados de la quebrada. No he podido descubrir lo que movió a los incas a construir en esta parte del interior y fuera del gran camino que conducía a Quito, tantos lugares de defensa, mas presumo que sería con motivo de las guerras o invasiones que sufrieran de las tribus [...] la fortaleza de Urpis que está en el interior de la montaña distante cinco leguas de Tantamayo, camino para Monzón y Chicoplaya, es la más grande, la mejor situada y la mejor construida; casi toda es de piedra labrada».
 


Página 21 del libro "Antigüedades peruanas",
de 1841. Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz
 menciona aquí la existencia de un sistema de
fortificaciones o castillos que comienza en
Chavinillo, continúa por Tantamayo y se
prolonga hasta Urpish, todos en la antigua
provincia Huamalíes, que en aquella época
estaba dentro de la jurisdicción del
departamento de Junín.
Presentación del libro Antigüedades
peruanas, de Mariano Eduardo de Rivero
y Ustáriz, publicado en Lima, el año 1841.



Segunda edición de Antigüedades peruanas, publicada en 1851. Este libro es la ampliación
del primero, aborda más temas y aporta datos histórico-culturales sorprendentes para la
época; trae referencias de los cronistas españoles e historiadores republicanos, además
contiene dibujos, resultando su lectura muy interesante y enriquecedora. Fue escrito
por Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz, en coautoría con Juan Diego de Tschudi.



viernes, 28 de octubre de 2016

TELAR A PERCHA: LA HERENCIA QUE PERDURA



El telar a percha o de pedal es una máquina que no pasa de moda, porque permite crear telas compactas, de diversa textura y medida, con infinidad de motivos y en diferentes calidades de hilo. Los artesanos que las manejan son herederos de un arte textil aprendido y perfeccionado de generación en generación, son verdaderos maestros en el oficio de cruzar los hilos de la trama y la urdimbre; alcanzan una increíble sincronización de movimientos: una mano toma la lanzadera, la arroja por la calada y la otra mano la recibe en el lado opuesto; el golpeador de peine fija el tejido y comienza el juego alternado de pedales (4) que controla el cruce de perchas (4), siempre con la lanzadera en acción. En muchos pueblos del Perú hay maestros del telar cuya producción textil causa admiración.


Así, encontramos en Huacrachuco (Marañón, Huánuco), un artesano que crea en su telar a percha lindos ponchos, mantas, colchas, alforjas, etc. Elabora los tejidos con hilos de lana de oveja que preparan hilanderas del lugar; de acuerdo a la necesidad, fabrica bayetas que luego tiñe o utiliza directamente hilos de color, teñidos ya sea con agua de vegetales hervidos o anilina. Su nombre es Marcio Miguel Morillo (47), quien inició su relación con el tradicional telar a los quince años, ayudando a su padre Santos Miguel Tarazona, en el taller que tenían en el paraje conocido como Ponto.

Al igual que sus hermanos Joaquín y Donata, aprendió rápidamente a manejar la «qallwa» (telar a mano) y comenzó a conocer los secretos para obtener los diversos colores utilizando vegetales. «El verde se obtiene de la cáscara de yamaisho, en un solo hervor; del mismo yamaisho, en tres hervidas, se obtiene el azul. El negro se obtiene hirviendo un kilo de pepas de arrayán con nogal, barro negro y ceniza. El amarillo sale del chinchanco (toda la planta). El anaranjado, del gawintso (parecido a la mullaca) más chinchanco. Cualquier color sale, por ejemplo el color melón que es muy pedido para el poncho sale de hervir cáscara de molle con cáscara de aliso y unas cuantas hojas de nogal», cuenta.

Parte del proceso de aprendizaje con su padre fue acompañarlo a traer el colorante denominado "pacho" (tierra de color azul y negro) de la mina ancashina de Gachpis, anexo de Ocopón, en el distrito de Parobamba, provincia de Pomabamba, Ancash. Eran los años ochenta, última etapa del boom comercial de la anilina, producto muy solicitado para teñir de azul los tejidos, pero escaseaba el dinero.

Le tomó años convertirse en el hábil, emprendedor e innovador artesano que es hoy. Su arte fue desarrollándose día a día en el telar, casi sin que se diera cuenta. Él mismo maduraba como tejedor y tomaba real conciencia de ser el continuador de un legado cultural tan importante; a la par, mejoraba la calidad y diseño de sus tejidos, utilizando hilos de lana local, lana merino o sintéticos, según la preferencia del cliente. A nivel personal también se dieron los cambios: eligió esposa y se trasladó de Ponto al barrio Los Claveles, cerca del centro de Huacrachuco, donde tiene actualmente su taller.

Con el brillo en aquellos ojos achinados que guardan armonía con su agradable rostro mestizo, nos dice que sus conocimientos en el arte textil tradicional se deben a que fue perseverante. Superó la línea de base elemental de la confección del tejido, dominando el cordellate (zigzag) y el tucupañawin (ojo de tuco, rombo), y después descubrió su talento innato para reproducir figuras más complejas. Aprendió a elaborar el diagrama a cuadros, como elemento auxiliar del telar, técnica que le permite formar dibujos perfectos en el tejido; es un maestro tejedor que nos hace ver su arte como lo más sencillo del mundo: «con la percha ‘hanan labor’ [labor superior] se teje fácilmente en dos colores, en dos caras, sale cualquier dibujo, paisaje, aves, flores, letras, nombres, rostros, etc».

Don Marcio Miguel es también profesor de danzas costumbristas y un músico polifacético. Toca violín, guitarra, charango, zampoña, saxo, trombón, clarinete, batería, caja, quena, flauta roncadora; interpreta diversos ritmos de baile, como huaino, chimaychi, chuscada, vals, polka, rumba y cumbia. Con su paisano y gran amigo Absalón López Casiano integra "Los chirocos de Marañón", cuyo repertorio musical en variados ritmos ha causado sensación en los pueblos de la sierra y selva donde la dupla se ha presentado.

Términos usados:
Calada.- Espacio por donde pasa el hilo de la trama.

Lanzadera.- Pieza del telar, alargada y puntiaguda, que lleva un carrete de hilo en su interior y que usan los tejedores para tramar.
Qallwa.- Instrumento de madera que se usa para tupir los hilos del tejido.
Trama.- Conjunto de hilos que, cruzados y enlazados con los de la urdimbre, forman una tela.
Urdimbre.- Conjunto de hilos que se colocan en el telar longitudinal y paralelamente para formar un tejido.