sábado, 25 de enero de 2014

TURU PUKLLAY DE HUACRACHUCO


En algunos pueblos andinos de las provincias Marañón y Huacaybamba, en Huánuco, se acostumbra celebrar el carnaval con un singular Turu Pukllay (Juego del Toro). Se trata de un toro artificial que, diestramente conducido por un fornido lugareño, baila, reverencia, corre tratando de cornear a cualquiera que se encuentre delante, levanta polvo y hasta «toma chicha de jora»; con su séquito de hombres del campo visita diversas casas y no deja de mostrar su gracia y bravura en los caminos; y , por supuesto, es infaltable en el divertido espectáculo del «palo cilulo», «yunsa» o «umsha».
 
Su confección es sencilla. El cuerpo del toro lo forma una estructura triangular de palos y carrizos, revestida con tela blanca la mayor parte, el lomo con paño rojo, negro o verde nilo, y franjas laterales de color alternativo simulando las manchas. Atrás se cuelga un rabo de color dorado y en la parte frontal se coloca una cabeza artesanal con genuinos cuernos de toro. Un cojinete de bayeta y paño sirve al cargador para levantar con la cabeza esta estructura y darle vida al toro del carnaval.
 
Sin duda este Turu Pukllay huanuqueño es resultado del mestizaje cultural:
 
En primer lugar, está asociado a la corrida de toros que se expandió a los pueblos del interior del país desde la época colonial [1], para dar realce a las celebraciones religiosas u otros acontecimientos importantes; en el proceso de fusión de lo español con lo indígena surgió, hacia fines del siglo XVIII, la parodia de la corrida de toros, cuyas manifestaciones son por ejemplo las danzas costumbristas Torollay Pukllay [2] de la provincia de Sihuas (Ancash) y Los Rucus [3] del distrito de Llata (Huamalíes, Huánuco).
 
En segundo lugar, tiene estrecha relación con el carnaval, celebración impuesta por los españoles [4] para contrarrestar la costumbre ancestral de los aborígenes de realizar ceremonias rituales en agradecimiento a los Apus y a la Pachamama, sus dioses tutelares, por el tiempo de lluvias. Durante el proceso de integración o asimilación de la fiesta de carnaval como nueva costumbre se produce una ambivalencia cultural con el predominio de los elementos andinos [5]; asimismo, se da el fenómeno de compenetración cultural, donde el toro español (símbolo de fiesta, religiosidad y poder) se convierte en el vaso comunicante con el mundo andino, en el que ese mismo toro representa a la ganadería y la fertilidad (es muy útil para arar).
 
Mientras el carnaval cristiano se percibe lejano del sentido religioso (la cuaresma) y se caracteriza notablemente por los disfraces y juegos, para la población andina es más que mera diversión, porque se halla enriquecido con elementos ancestrales: rituales de agradecimiento a los dioses tutelares por las lluvias en el mes de febrero, y la «umsha» que simboliza la fertilidad y productividad de la madre tierra (Pachamama).
 
Por añadidura, caló hondo la peculiaridad del carnaval de crear «un mundo al revés» o, lo que es lo mismo, dar rienda suelta al ingenio popular para satirizar y críticar a las autoridades e instituciones [6].

 Así, el Turu Pukllay resultó siendo al principio una forma de burlarse de la corrida de toros impuesta por los europeos, para convertirse poco después en una alegre recreación que tiene enorme significado e importancia para el hombre andino.

En Apurímac, el juego del toro toma el nombre de Yawar Fiesta (fiesta de la sangre), una expresión cultural que refleja el choque de dos mundos, la confrontación entre lo español ( el toro) con lo andino (el cóndor). Asimismo, se considera que nace del descontento de los indios ante los abusos de los gamonales o patrones , quienes impusieron un sistema de explotación que duró desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la Reforma Agraria. En este contexto, el Yawar Fiesta que se celebra en el sur para las fiestas patrias plantea una pelea cruel: el ave sagrada de los indios es amarrada sobre el poderoso toro español-- integrado también a la cosmovisión andina, asumiendo un rol análogo al Amaru o serpiente (dios de a fecundidad y del agua), mediante leyendas del toro que vive o está encantado en las lagunas y puquiales-- y en la lucha por liberarse ambos se lastiman, aunque es el toro el que más sufre porque los picotazos del cóndor hacen sangrar su cuerpo; finalmente el cóndor es liberado y el destino del toro es la muerte, lo que simbólicamente significa que el indio vence al opresor.

Particularmente, en Huacrachuco (Marañón, Huánuco), se realiza la corrida de toros para la fiesta patronal de Santa Rosa, en el mes de agosto. Y la parodia de la corrida o Turu Pukllay para el carnaval, en el mes de febrero, con el ya clásico toro confeccionado artesanalmente.
  

De acuerdo con lo señalado, el Turu Pukllay huanuqueño se puede interpretar como una representación burlesca de la corrida de toros normal y a la vez una manifestación formidable del ingenio creativo del hombre andino. El toro artificial impone en las fiestas de carnaval la mixtura de su simbología; luce su porte brioso y colores heredados, emociona y divierte a los huacrachuquinos desde hace por lo menos un siglo.

Por versiones orales, transmitidas de generación en generación, se sabe que antiguamente los toros no eran tan livianos como los hacen ahora, razón por la cual sólo podían cargarlos los hombres más fuertes. Con la instauración de los concursos y desfiles en los carnavales, ordenada en el segundo gobierno de Augusto B. Leguía, el Turu Pukllay cobró nuevo impulso. Llegó un momento en que se fabricaba toros en casi todos los pueblos de Huacrachuco. Para el día domingo de carnaval los toros de Asay, Huaychao, Gochachilca, Shagapay (San Cristóbal), Chocobamba, Quillabamba, entre otros, se dirigían a la capital provincial acompañados cada cual por su grupo de gente bailando, al ritmo de las cajas y flautas roncadoras. No faltaba la chicha de jora en las casas y desbordaba la alegría. Los toros competían mostrando su destreza en los movimientos de graciosa embestida contra los lugareños, la forma de bailar y su estilo de reverenciar. El mejor era premiado.

En la actualidad, algunos pueblos de Huacrachuco mantienen la costumbre de armar su toro y celebrar a lo grande la fiesta del carnaval. Bien por ellos, porque año tras año se nutren del riquísimo legado cultural que los hace mirar el futuro con optimismo.








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[1] «A partir de los inicios de la fiesta taurina que posiblemente se dieron en el último tercio del siglo XVII hasta la actualidad, se ha logrado identificar tres etapas, la primera denominada, festejos taurinos del periodo colonial, la segunda, de expansión y consolidación del poder terrateniente y la tercera etapa denominada de mixtura y compenetración con el mundo indígena» (Toro Puqllay Escenario de Diálogo Intercultural, 2011, Tesis del antropólogo Luis Ernesto Murguía Sánchez).

[2] «los danzarines representan todo un proceso, desde el momento que se reúne a los bravos toros en la altas Punas, terreno que pertenece a Mama Nieves, antes de llegar los toros al pueblo uno de los arrieros va adelante reventando cohetes, advirtiendo la llegada de los toros, así la gente se pueda cobijar en sus moradas» [...] «Los que se encargan de jugar con el toro son valientes campesinos que premunidos con sus ponchos o simplemente con su cuerpo esquivan al animal, teniendo como único objetivo apoderarse de los moños y enjalmas para llevarse como una presea, muchos son heridos y otros muertos en intento» (ronald-danzasperuanas.blogspot.com/2012/.../ancash-torollay-puqllay).

[3] «El personaje "toro", lo asume un danzarín, tiene la cabeza y el pecho cubierto con un pañolón bordado con hilos multicolores y motivos zoológicos (aves) y florísticos. En la mano en alto lleva la figura de un toro confeccionado de paño, lleva cuernos verdaderos, está adornado con un cintillo rojo» [...] «Se afirma que la danza tiene raíces republicanas y resulta de un hecho histórico de trascendencia en la vida política ligada al levantamiento independentista, emprendido por la precursora Juana Moreno, en el año de 1777» (Toro Puqllay Escenario de Diálogo Intercultural, 2011, Tesis del antropólogo Luis Ernesto Murguía Sánchez).

[4] «En los Andes la celebración fue impuesta en el siglo XVI por los conquistadores europeos y los misioneros católicos. En todos los territorios cordilleranos, los carnavales (como fiesta cristiana) intentaron aplastar ceremonias y creencias (p.e. el Pawcar Raymi del actual Ecuador), un objetivo que no lograron: a la postre, la festividad europea terminó sirviendo de «tapadera» o fundiéndose con las locales, y adquirió unas características particulares que la vuelven única e inconfundible» ( Artículo: Introducción a la Música de los Carnavales Andinos. Edgardo Civallero, revista digital Tierra de Vientos N° 11, Julio - Agosto 2012).

[5] «Esta festividad tiene connotaciones muy diferentes a las que los españoles trajeron al espacio andino, pues el Carnaval para los indígenas de los Andes es una fiesta profundamente ritual propiciatoria de la reproducción, tanto en el campo de la agricultura en la chacra, como en la crianza de sus animales en los corrales y en las interrelaciones entre solteros y solteras, por lo que la permisividad sexual en estas celebraciones es mayor; incluso es una fecha propicia para iniciar los "servinakuy" o matrimonios de prueba» (Artículo: La fiesta de Carnaval en los Andes, suntuosidad y sexualidad para propiciar fertilidad. Guillermo Llerena Cano, 2011, Blog Compilatio de Conceptione http://guillermollerena.wordpress.com).

[6] «La fiesta del carnaval, que es de origen europeo, tiene otro proceso. Es un momento en el que se manifiesta la crítica a las instituciones, es el momento de libertad para desnudar la hipocresía de la sociedad» (Artículo: El Carnaval en los Andes, espacio de vida y muerte. David Mendoza. La Paz - La Razón, 23/02/2003. www.bolivia.com/noticias/AutoNoticias/DetalleNoticia11851.asp).


     *** FOTOS: Gochachilca Lima, facebook

domingo, 19 de enero de 2014

CARNAVAL DE CAJAMARCA


 
Días antes del miércoles de ceniza, en diferentes pueblos peruanos comienza el carnaval. La forma de celebrar difiere pero el sentir es el mismo. En todas partes el carnaval trae colorido, alegría y desenfreno, pero es en Cajamarca donde la festividad adquiere brillo sin igual, porque tiene matices culturales que mantienen la algarabía general de principio a fin: singulares coplas, patrullas y comparsas, la umsha o yunsa, el juego con agua, harina y pintura, todo ello con la anuencia de su anfitrión el Ño Carnavalón.
 
«Arriba caballo blanco, cilulo.
Sácame de este arenal, huaylulo [bis]
Porque tengo un desafío, cilulo
el martes de carnaval, huaylulo [bis]
A la una, a las dos y a las tres un machetazo,
umsha, umshita hoy te tumbarán
el año que viene te colocarán [bis]»
 
Un acontecimiento extraordinario es anunciado por pregoneros, altoparlantes y radioemisoras: la llegada del Ño Carnavalón o Rey Momo, el mítico líder de una multitud que enfervorizada se entrega a la diversión y la sátira festiva durante el carnaval de Cajamarca, el más vistoso y concurrido del Perú.
 
Aparece por Grifos «El Che» moviendo los brazos y mostrando una enorme sonrisa. Está parado en un carro adornado con serpentinas, globos y cintas de colores. Nunca está solo, los jóvenes suben al vehículo, hacen fiesta a su alrededor, las chicas bailan con él, lo besan y le cuelgan serpentinas. Él no se niega a nada, le pone su risa a todo; y es que el Ño Carnavalón es un muñeco relleno, vestido con traje estrafalario y que lleva una gran cabeza de yeso.
 
Mientras el carro avanza, grupos de jóvenes se encargan de fomentar el alegre desorden en las calles y plazuelas; como el Rey de la Alegría anda suelto, hacen lo que les viene en gana, unos corren con baldes de pintura dándole un brochazo a las paredes, otros tocan las puertas, mojan con chisguetes o globos, arrojan polvillos de colores, abrazan, saltan, bailan. Es sólo el principio de la fiesta, donde todo o casi todo está permitido.
 
Las coplas de versos pícaros y canciones como «Gavilancito», «Carolina» y «Matarina» toman por asalto las calles, con el acompañamiento musical de guitarras, acordeones, violines y cajas. La diversión y la burla contagia a todos los pobladores, inyectándoles una motivación especial para exteriorizar sus alegrías y, quien sabe, realizar locuras o las acciones más insospechadas.

«Gavilancito, gavilán,
caza tu polla haragán [bis]
Llévala al monte gavilán,
deja las plumas haragán.
Chau, chau, gavilán,
caza tu polla haragán [bis]
Guapi, guapi, gavilán,
caza tu polla haragán [bis]»
 
En medio del desenfreno colectivo, el carro del Ño Carnavalón atraviesa la calle Amalia Puga e ingresa a la Plaza de Armas, donde se confirma su matrimonio anual con Doña Carnavalona. Luego, los recién casados son escoltados hacia el barrio de Chontapaccha para tener allí su noche de bodas. Así, con este loquerío del sábado, comienza oficialmente el carnaval.
 
BAILE, MAGIA Y COLOR
 
Al día siguiente salen las Patrullas y Comparsas, integradas por entusiastas jóvenes de los barrios de San Sebastián (los valientes), San Pedro (los más unidos), Cumbemayo, La Merced, San José, Dos de Mayo y Pueblo Nuevo. Apadrinados por el Clon, un pintoresco personaje que lleva un gran sombrero puntiagudo, las agrupaciones desfilan frente a un jurado calificador.
 
El derroche de expresiones folklóricas es impresionante. Es un festival de música, danza y color. Las manifestaciones artísticas en las vestimentas, máscaras y coreografías evidencian un esfuerzo creativo de largo aliento en todos los sectores de la ciudad.
 
Se aprecian disfraces insólitos: extraterrestres, gladiadores, dioses del Olimpo, viejos con enormes sombreros, seres alados, héroes de teleseries animadas, abejas, simios, árabes, personajes de la farándula, políticos, etc. Los participantes llevan grotescas cabezas o caretas, parodian movimientos y se entregan totalmente al ambiente festivo, olvidando el temor al ridículo, los rencores y las frustraciones del mundo real. Y es que en el carnaval se crea un mundo mágico donde los cajamarquinos y sus ilustres visitantes gozan de libertad para alcanzar la felicidad, sin importar las jerarquías sociales ni cualquier otra diferencia.
 
El lunes, día principal, se realiza el Gran Corso de Carnaval. Los carros alegóricos que representan a los barrios e instituciones muestran decorados variopintos y sensacionales creaciones artísticas, pudiendo ser: un castillo medieval, el Inca en su trono, ciclópeos cisnes, estampas costumbristas, paisajes, etc. Cada barrio participa con su propia banda, reina de belleza, patrullas y comparsas.
 
El espectacular desfile recorre las principales calles y la Plaza de Armas, siendo apreciado por cientos de espectadores. De los balcones arrojan papel picado, serpentinas, pétalos de flores; abajo, siempre hay espacio para cantar, bailar y jugar. El bullicio de la fiesta popular llega a todos los rincones de la ciudad, la alegría se desborda. Por todas partes están los chisguetes y globos con agua, los polvillos de color, las harinas, el betún.
 
DIVERSIÓN ENTRE COPLAS Y CONTRAPUNTOS
 
Los varones mojan a las mujeres con jeringas de carrizo o latón, chisguetes, globos o las famosas «tripas de agua» que se compra en las tiendas (globo largo que al ser llenado puede alcanzar la longitud de un metro y medio). Ellas corren graciosamente, pero a la par tienen harina y anilina para replicar en singular ataque a los pícaros juguetones.
 
Desaparecen los problemas y tensiones, es tiempo de festejar y sonreirle a la vida.Visitantes y pobladores de la zona se juntan, forman grupos de amigos, se les ve con huellas de pintura o salpicados con talco perfumado, llevan collares de serpentinas; luego, un tanto mareados, pasean con violín, guitarra, acordeón y caja, entonando graciosas coplas.
 
«Dónde está ese calzón blanco
que te compré en Lima,
conmigo lo has estrenado
con otro le diste fin»
 
«Qué bien te sienta ese poncho
no recuerdas lo que has sido,
con tu pantalón parchado,
calzoncillo no has tenido»
 
En las casas no falta la chicha de jora, el aguardiente, la cerveza y la chicha de maní (se sirve a los niños). Se escuchan las coplas de Guillermo Salazar y Anita Peña, los graciosos contrapuntos entre Gregorio Mendoza y Florencia Urbina, así como las canciones festivas de «Los Reales de Cajamarca» y del Indio Mayta. Los anfitriones sirven cabrito con yucas, picante de cuy, chicharrón con mote, la tradicional «fritanga» (vísceras y tripas de chancho fritas), el chupe verde, el puchero, el caldo de cabeza de cordero en las mañanas o quesillo con miel en las tardes.
 
EL CORTAMONTE
 
Después del corso, en las calles de cada barrio y en los patios de algunas casas se planta el «palo cilulo», «umsha» o «yunsa». Es un árbol de capulí (prohibido), aliso o eucalipto, elegido por su ramaje frondoso, donde se cuelgan frutas, regalos, globos, serpentinas. Alrededor de este bailan los asistentes tomados de las manos, al ritmo de canciones festivas.
 
«Me gustan los granos de oro, cilulo,
dulces, tiernos de maíz, cilulo [bis]
Mi más preciado tesoro, cilulo,
para una vida feliz, cilulo [bis]
Agua fina en la piernita, cilulo,
es puro canto de cuna, cilulo,
canto de lluvia bendita, cilulo,
alegría en la laguna, cilulo.
A la una, a las dos y a las tres un machetazo [bis]
Umsha, umshita hoy te tumbarán,
el año que viene te colocarán [bis]»

 «Gavilancito, gavilán,
goza que goza haragán,
en esta tarde de carnaval [bis]
Vamos, vamos, a bailar
vamos, vamos, a cantar,
goza que goza haragán,
esa umshita vamos a tumbar [bis]»
 
A la costumbre de tumbar el «palo cilulo» se le llama cortamonte. En la ronda cunde el entusiasmo; en parejas se van turnando para darle con el machete o hacha tres veces uno, tres veces otro, y así sucesivamente hasta que caiga el árbol con los ansiados regalos. Aquel suertudo que lo tumba plantará la «umsha» el próximo año, en el mismo lugar.

VELORIO Y TESTAMENTO DEL ÑO CARNAVALÓN

Después de las carcajadas y bromas pesaditas que muchos se atrevieron a gastar, inexorablemente ocurrirá el mayor suceso del martes de carnaval: la muerte del Ño Carnavalón. La penosa noticia de su deceso corre como reguero de pólvora por toda Cajamarca. El diagnóstico del médico es «paro cardiaco por sobredosis de chicha de jora».

Lo trasladan desde Chontapaccha en un ataúd semidescubierto. En el pasaje San Martín, barrio Santa Apolonia, lo velan con « profunda tristeza» los amigos y sus siete viudas (hombres disfrazados, maquillados, con senos postizos y traje de color negro, verde o fucsia).

Como en ningún otro velorio, muchos de los asistentes acuden disfrazados o sencillamente con antifaces. Allí reparten bocadillos y dan café a los que se hallan más próximos al féretro del difunto. Los acompañantes beben aguardiente o chicha de jora y fuman cigarrillos sin filtro . Después, faltando poco para el amanecer, se les sirve calientito un apetitoso caldo de cabeza de carnero con mote.

El miércoles de ceniza el féretro es llevado al balneario turístico de Baños del Inca, donde se da lectura al esperado testamento. Momo deja a su esposa principal ( la de negro) el 70% de sus bienes, recomendándole que ayude a los pobres y done parte del dinero para las obras púiblicas; a las autoridades les aconseja sarcásticamente que se rebajen el sueldo; a los visitantes les pide que «vuelvan a Cajamarca, para conocer sus riquezas arqueológicas, su artesanía y pueblos modelo». Aún muerto, el Rey de la Alegría provoca la hilaridad en el público.

Ante el llanto incontenible de las viudas, se procede a incinerar el ataúd con los restos del que en vida fue el Ño Carnavalón. Así termina su historia, hasta el próximo año, cuando vuelva a renacer de sus cenizas y sea aclamado por la multitud, silenciosamente pícaro detrás de su más elocuente sonrisa.
 
 
 
 
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° Este 2014 el carnaval de Cajamarca se celebrará del 1° al 5 de Marzo
° Foto: cajamarcaglobal.com