lunes, 25 de mayo de 2015

HISTORIA DE HUACRACHUCO

Al encuentro de las raíces de un pueblo

El descubrimiento de su apellido Villaorduña en un documento de 1548, firmado por los primeros 30 vecinos de Huacrachuco, excitó la curiosidad del profesor Melanio Rojas Villaorduña por conocer su linaje familiar y de pronto se halló investigando acerca de las raíces históricas de todo un pueblo. «Huacrachuco, su historia y sus costumbres» es el resultado de largos años de investigación de un autor que, pacientemente, como si fuera un escritor predestinado, ha logrado reconstruir gran parte del admirable pasado de Huacrachuco.

Todo comenzó, en realidad, con el acto de desprendimiento del ciudadano Luis Ángel Reinoso Laguna, quien en la época que fue alcalde provincial entregó a la municipalidad varios documentos coloniales que permitían conocer los comienzos de Huacrachuco; se sabe que fueron hallados en un baúl, entre los papeles de transferencia de la casa que la familia Reinoso compró de la familia Arellano, en los primeros años del siglo XX. Tales documentos ya no existen, porque fueron quemados por los terroristas.



Educador e historiador
Melanio Rojas Villaorduña
 Acontecimientos y datos que eran desconocidos han sido revelados en este relato histórico de amplio conocimiento e interpretación. Melanio Rojas ha desplegado sus aptitudes de gran investigador y cronista para enlazar las versiones orales con las fuentes escritas y entregarnos este libro que es un compendio de la historia, genealogía, creencias populares, cuentos locales y costumbres de la provincia Marañón; su capacidad pedagógica también se pone de manifiesto en el empleo de un lenguaje sencillo y en la evidente preocupación por proporcionar al lector la información contextual necesaria para la mejor comprensión de los temas.

PUEBLO VIEJO - YAMOS - HUACRACHUCO

Resulta fascinante conocer de la resistencia que ofrecieron los wacrachucos encabezados por los hombres de Tauripún hasta conseguir desplazar a los «barbudos» españoles de Pueblo Viejo, cuyas llanuras eran una gran despensa de alimentos; asimismo, el accidentado traslado a Yamos, que fue el primer pueblo colonial; y la ocupación final del valle de los cedros, donde se fundó la ciudad de Santo Domingo de Huacrachuco.

Afirma que en 1546 se construyó el primer templo cristiano denominado San Sebastián de Yamos y que entre los primeros vecinos de la villa de Huacrachuco estaban los españoles de apellido Villaorduña, Pantoja, Herrera, Carrera, Gamarra, López, de Ocaña y otros. Según sus indagaciones, fue a finales del siglo XVI que surgieron las primeras ganaderías en las punas de Piso, Paracay y Huanchay.

CHOQUE CULTURAL, ABUSOS Y MESTIZAJE

La visión crítica del autor está presente cuando nos habla de «invasores» europeos que impusieron su religión, costumbres e idioma a una población aborigen que cayó a una condición de semiesclavitud. Por otro lado, postula que hubo indios que se negaron a ser sirvientes de los blancos y huyeron a tierras lejanas, formando con el transcurrir del tiempo pequeñas aldeas en Chocobamba, Sinay, Ninabamba (San Buenaventura), Chinchil, Huachumay y otros lugares, donde hasta hace muy poco hubo predominio del idioma quechua sobre el español.

Describe la dura época de las encomiendas y corregimientos, con funcionarios ambiciosos, déspotas y abusivos. Habla de los terratenientes, potentados, autoridades y gamonales; del espíritu progresista de los mestizos y criollos, que se desplazaron hacia las alturas para tomar posesión de terrenos aptos para la agricultura y ganadería; del mestizaje cultural y los cambios sociales; del constante flujo migratorio entre Huacrachuco y la selva, que dio lugar a la formación de pueblos a lo largo de la ruta hacia Uchiza, en las márgenes izquierda y derecha del río Chontayacu; destaca la fuerza de fe que irradió la religión cristiana desde la villa y la gran labor evangelizadora de los franciscanos en los distritos de Cholón y San Buenaventura.

Identifica cuatro momentos migratorios, señalando como el mayor de ellos el que se produjo en la época republicana hasta los años setenta del siglo pasado, cuando llegaron por motivos de trabajo empleados, funcionarios públicos y comerciantes procedentes de diversos lugares; fueron ellos --indica Melanio Rojas-- quienes tuvieron «una participación protagónica en el desarrollo político y sociocultural del pueblo» y forjaron «la gran sociedad huacrachuquina del siglo XX». De Llata (Huamalíes) vinieron las familias Benavides, Bustamante, Hidalgo, Meza, Sánchez y otras. De Ancash, los Vidal, Domínguez, Escudero, Huerta, Melgarejo, Acuña, Borja, Cervantes, Gabancho, Gambini, González, Haro, Ramos y otros. De Huacaybamba, los Tarazona. Y de Pataz (La Libertad), llegaron los Daza, Vigo, Lafitte, Reinoso, Flores, Herrada, Pineda y otros.

PRIMEROS DUEÑOS DE TIERRAS

Es minucioso al contarnos de los primeros propietarios de las tierras: El año 1714 el español Diego Gamarra compró de la Corona de España para su propiedad el fundo de Huachumay, que comprende desde el río Marañón hasta la puna de Uchucruz. A mediados del siglo XVIII el encomendero José Manuel de Ocaña compró los fundos de Sinay, Condorpún, Quirín, Shaglla, Huascarbamba y otros, que fueron heredados por su nieto Juan Ramírez de Arellano o Juan Arellano, el potentado más importante de todos los tiempos. De igual forma, en 1762, el Cabildo de Huacrachuco compró los pastizales de Rajcho, Chonas, Antaquero, Muralla, Chinchaycocha, Agorragra y otros, para la crianza del ganado de todos los pobladores del repartimiento; sin embargo, en un hecho insólito, estas tierras pasaron definitivamente a poder de la Comunidad Indígena de Chocobamba en 1963.

Nos hace saber que las autoridades religiosas y sus familiares llegaron a tener también tierras y riqueza: El cura José Luis Daza, natural de Pataz, fue designado a la doctrina de Huacrachuco a mediados del siglo XIX; antes de morir, en 1880, vendió parte de sus propiedades a don Pedro Herrera y tomó como hijos adoptivos a los hijos de doña Teresa Pantoja, uno de los cuales fue el hacendado Luis Máximo Daza. El cura Manuel Zegarra Castañeda, procedente de Lamas (San Martín), realizó actividades religiosas en Huambo y Huaychao; una de sus hermanas llamada Mauricia se casó con Eustaquio Tarazona, oriundo de Huacaybamba, se afincaron en Huagana y tuvieron doce hijos cuyos descendientes conforman la sociedad huacrachuquina actual. La excepción fue el cura italiano Faustino Cimarolli Zaninelli, quien destacó más por su infatigable labor para hacer realidad la carretera Chimbote-Sihuas-Huacrachuco-Uchiza; estuvo en servicio 35 años, hasta su retiro en 1989. 

PUEBLO PATRIOTA Y DE RESPUESTA ENÉRGICA

El patriotismo del pueblo huacrachuquino tiene su página dorada en la gesta emancipadora. Melanio Rojas cuenta que en la proclamación de la Independencia en Lima estuvieron presentes Juan Daniel Villaorduña, su primo Julián Herrera y Rigoberto Pantoja, quienes se adhirieron a la causa libertaria y después lograron la realización del histórico acto de jura de la Independencia del Perú en Huacrachuco, el 18 de agosto de 1821. Añade en ese pasaje de la historia que Juan Daniel fue abuelo de María Concepción Villaorduña y Carrera, quien desarrolló la elogiable tarea de transmitir a sus vecinos y descendientes la historia de Huacrachuco, desde la llegada de los españoles hasta los días que vivió.

Hacendados huanuqueños de la época de los montoneros
Narra con realismo la repudiable incursión de los montoneros de Antonio Prado, que saquearon la ciudad de Huacrachuco, violaron damas y mataron al gobernador Ricardo Arellano, hijo del terrateniente Juan Arellano, dirigiéndose luego a Huancaspata. Un mensajero que tomó la ruta del río alertó a los huancaspatinos, quienes liderados por el hacendado Santos Lafitte defendieron su pueblo e hicieron huir a los bandidos con un Prado herido de muerte. Considerando que se dirigían hacia Acotambo, los huacrachuquinos y huancaspatinos hicieron causa común para emboscar a los montoneros en la hoyada de Huaracuy, cerca a la laguna de Ocococha, donde el 13 de agosto de 1884, ocho días después del saqueo, se produjo la batalla final en la que se dio muerte a todos los bandoleros y sus rabonas, siendo por último descuartizado el cuerpo de Prado.

Más adelante reseña el abominable ataque del grupo maoísta Sendero Luminoso a Huacrachuco, en enero de 1988, donde fueron incendiados la municipalidad, el puesto policial, la subprefectura y el Banco de la Nación, perdiéndose valiosa documentación. En la crónica dice que días después del ataque terrorista, llegó de la selva un contingente de 40 policías al mando de un capitán del ejército y de inmediato inició las investigaciones del caso, capturó sospechosos y se dirigió a Huanchay, donde se supo habían acampado los sediciosos; los padres de uno de ellos confesaron lo que sabían, fue capturado el «camarada Rafico» y se recuperaron armas, municiones y medicinas escondidas en una cueva de las alturas.

CREACIÓN DE LA PROVINCIA MARAÑÓN
 
Cuenta el notable suceso que fue la visita proselitista que realizaron en 1911 los hermanos Juan y Augusto Durand y Fernández de Maldonado -candidatos al Congreso en las Elecciones Generales de 1912-, que ofrecieron gestionar la creación de la nueva provincia Marañón, con su capital Huacrachuco. Los ciudadanos huacrachuquinos votaron masivamente por el Ing. Juan Durand quien resultó electo como senador por Huánuco y ya en funciones, con el apoyo de su hermano Augusto, electo diputado por Lima, cumplió lo ofrecido en campaña. Poco después, el 21 de octubre de 1912, el presidente Guillermo Billinghurst promulgó la Ley 1595 mediante la cual se creó la Provincia de Marañón, con sus distritos Huacrachuco (capital), Pinra, Huacaybamba y Cholón.

Siguiendo el recuento de hechos históricos que hace el autor, no se puede dejar de resaltar la creación del distrito de San Buenaventura en 1955 y la separación de Huacaybamba en 1985, para convertirse en provincia; el movimiento juvenil comunista de 1963, encabezado por el estudiante Hugo Salinas González (hoy economista de primer nivel); y la creación en 1964 del Colegio Nacional Huayna Cápac, que permitió ir cerrando la brecha de la discriminación colonial y dar acceso a una educación digna a todos los alumnos de la provincia, sin distinción ni privilegios.

DANZAS EN FIESTAS RELIGIOSAS
 
En cuanto al folklore, es interesante conocer que la danza del Apu Inga, creada por los indígenas en recuerdo y homenaje a la visita que hiciera Túpac Inca Yupanqui a los pueblos de la región, fue la más vistosa representación en las primeras fiestas religiosas de Yamos y después en las celebraciones de Asay y otros lugares. Para contrarrestar la admiración indígena por el Imperio Incaico, los españoles crearon la danza de los Moros y Cristianos --representa el triunfo de España sobre los árabes, tras 700 años de dominación--, que se mantiene vigente desde finales del siglo XVII hasta hoy en la fiesta de Santa Rosa de Lima.
 
No lo menciona, pero es obvio que las danzas costumbristas tienen el sello del mestizaje cultural. Allí están las Cajapallas y Anacas, danza inspirada en las Pallas de Corongo, de origen incaico y cuyo vestuario fue enriquecido con elementos españoles; se representa en la festividad de la Virgen de las Mercedes, siendo admiradas por su elegancia y hermosura las jóvenes mujeres que bailan con el acompañamiento musical de los cajeros o chirocos.

Los huanquillas y las cajapallas
bailan en honor a la Virgen de las Mercedes
Otra expresión folklórica mestiza es la Huanquilla, danza guerrera en la que se satiriza el poder español. Melanio Rojas nos dice que doña María Vigo Escudero, ferviente devota de Nuestra Señora de las Mercedes, vio este baile ancashino y decidió presentarlo en la fiesta religiosa de setiembre, para ello mandó fabricar el bonito vestuario que incluye una corona de plumas, dos bandas de terciopelo con espejos y monedas de plata, y canilleras con cascabeles de bronce. Corría el año 1962.

El libro contiene sucesos de medular importancia, nombres, fechas y detalles, ofrece valiosa información que contribuye a tener una visión clara de la historia de Huacrachuco, razón por la cual constituye una obra de lectura obligatoria para los huacrachuquinos. No obstante, se advierte que, en el proceso de edición, el texto no ha sido bien corregido, motivo inicial para esperar una segunda edición corregida y aumentada, con un índice y un mejor orden de los temas, quizás hasta con mayor rigor científico; el profesor Melanio Rojas maneja las fuentes y tiene el talento para enriquecer más su obra.

Se da por descontado que ciertas partes del contenido van a generar profundos análisis y controversias, como pasa con todo texto de historia, pero desde ya hay que reconocer que «Huacrachuco, su historia y sus costumbres» es un gran aporte cultural que va a permitir a los huacrachuquinos no sólo aproximarse al conocimiento integral de su historia, sino también asumir su verdadera identidad, que es el resultado de la integración de varias culturas a la esencia de un riquísimo pasado milenario. Se trata de una obra que va al encuentro de las raíces y nutre con la savia del conocimiento la memoria de un pueblo que avanza a paso firme por la senda del progreso. 

Huacrachuco crece y se adapta a la modernidad. Toma desde el anexo Gochachilca





5 comentarios:

  1. Es mentira que no existan esos documentos e realidad aun los tengo conservados-

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    1. En el libro "Huacrachuco, su historia y sus costumbres", el autor menciona tal significado y cita como una de sus fuentes al Inca Garcilaso de la Vega.

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  2. Sería importante que esos documentos coloniales se conozcan. Inclusive, reproducciones en foto o facsímil podrían aparecer en una segunda edición del libro.

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    1. Waqra en quechua significa cuerno, cornamenta ó cacho y Chuku significa en quechua gorro, tocado ó prenda de vestir que cubre la cabeza.
      Los waqrachukus usaban en sus cabezas tocados de cornamentas de venados andinos.
      En esta obra esta escrita parte de la historia de Huacrachuco antes de la llegada de los españoles les envío este enlace de la obra del Inca Garcilaso de la Vega.
      http://shemer.mslib.huji.ac.il/lib/W/ebooks/001531300.pdf

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    2. Muy importante leer Los Comentarios Reales (1609. Allí, el Inca Garcilaso de la Vega, le dedica un capítulo a los "huacrachucus". Para una rápida búsqueda: Los Comentarios Reales-Primera Parte, Libro Octavo, Capítulo I.
      Las gracias al Sr. Gregory Ricardo Rojas, por recomendarnos el enlace: http://shemer.mslib.huji.ac.il/lib/W/ebooks/001531300.pdf

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